Personajes cotidianos, heroes desmitificados

ANNA ADELL – 15/09/2014

Las esculturas de Ramon Pons Casadevall poseen cierto efecto dislocador, probablemente provocado por el choque entre el tema de inspiración clásica y la nota irreverente que caracteriza su tratamiento.

Esa ironía velada es el sello con el que personaliza reflexiones sobre figuras alegóricas como el pensador o el filósofo, sobre personajes mitológicos como el sátiro, y personajes históricos como María Antonieta… transgrediendo e incluso invirtiendo la imagen arquetípica de esos referentes.

Así, el filósofo, encaramado sobre una piedra demasiado grande para su raquítico cuerpo, nada conserva de aquella imagen tradicional que le henchía de serena sapiencia. La estampa exótica del tuareg es desposeída del misterio que le otorgaba la elegante túnica, apareciendo ahora desnudo salvo por el turbante que acentúa su aspecto vulnerable. El esclavo esposado ha perdido la fuerza heroica que insuflara Miguel Ángel a su cohorte de esclavos. El de Pons no se revela a su adscripción social como miembro servil.

En otras ocasiones, parodia tipos humanos, estándares de bravura masculina o erotismo femenino. Cada expresión y cada gesto son modelados con manos intuitivas que confieren a los cuerpos una densa presencia matérica, incluso cuando su cadencia es onírica o surreal.

Son escenas punteadas por el humor y la crítica, pero manteniéndose libre de todo alegato o posicionamiento ideológico. En su ambigüedad estriba su carisma.

Me gustaría, que el espectador se sintiera cuestionado o unido de alguna manera a la pieza o que le despertara algún sentimiento, aunque no tenga nada que ver con lo que yo he pensado en el momento de crearla. Las obras una vez fuera del taller, dejan de ser mis historias y pasan a ser las historias de quien las observa.

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